Sí, existen webs por 300€. Esto es lo que compras

Webs por 300€ - Escritorio generado por IA

Qué compras cuando compras una web de 300€.

Esa es la pregunta que casi nadie hace antes de pagar, y es la única que importa. Porque el problema no es que existan las webs de 300€: existen, y para algunos negocios funcionan. El problema es que se venden como si fueran lo mismo que una web de 3.000€, y no lo son. Y mientras nadie diga esto en voz alta, va a seguir habiendo empresarios decepcionados, diseñadores quemados y un sector entero discutiendo sobre precios cuando la conversación real es sobre otra cosa.

Vamos a desarrollarla.

La cuenta que nadie te hace

Empecemos por los números, porque los números no opinan.

Una web de 300€. Quita el IVA: quedan 248€ de trabajo real.

A 30€ la hora —tarifa de freelance principiante, no de profesional con experiencia— eso son algo más de 8 horas. Una jornada laboral, contando el café.

En esas 8 horas hay que: hablar contigo para entender el negocio, elegir una plantilla, configurarla, meter tus textos, conseguir o comprar las imágenes, ajustar colores y tipografías, configurar el formulario de contacto, instalar el SSL, comprobar que se ve en móvil, revisar enlaces, subirla y entregártela.

Si quien la hace cobra 50€/hora, son cinco horas. Si cobra 80€/hora —tarifa razonable de profesional— son tres horas justas. Tres horas para todo lo anterior.

Esto no es una crítica. Es una descripción. Una web de 300€ es exactamente lo que cabe en ese tiempo, y ese hecho define todo lo demás que vamos a contar.

Lo que no cabe en una jornada de trabajo (y es justo lo que vende)

Una web es un escaparate o es un vendedor. La diferencia no está en el diseño: está en lo que hay debajo. Y debajo, en una web de 300€, no hay nada, porque no hay tiempo para ponerlo.

Estrategia. Antes de tocar el diseño, alguien tiene que entender qué vendes, a quién, contra quién compites y qué tiene que pensar tu cliente para elegirte. Esa conversación dura horas, no minutos. Sin ella, la web habla de ti como hablarías tú en una reunión sin preparar: improvisando.

Arquitectura. El orden en que aparece la información en tu web decide si el visitante entiende lo que ofreces en cinco segundos o se va. No es decoración: es el plano del edificio. Una plantilla te impone su plano. Y ese plano está pensado para que la plantilla se venda, no para que tu negocio funcione.

Textos que venden. Una web no se lee, se escanea. Cada titular, cada botón, cada frase tiene que estar trabajando para llevar al visitante un paso más cerca de contactarte. Escribir así es un oficio —copywriting— y lleva su tiempo. En una web de 300€ los textos los pones tú, tal cual los entregues. Y los textos que escribe un empresario sobre su propio negocio casi nunca son los textos que venden ese negocio.

Diseño pensado para tu cliente, no para ti. Un diseño prefabricado está hecho para gustarte a ti cuando lo eliges. Un diseño a medida está hecho para funcionarle a tu cliente cuando entra. No son lo mismo. Lo primero es decoración; lo segundo es ingeniería de decisión.

Medición. Una web que no mide nada es una tienda sin caja registradora: no sabes qué entra, qué sale, qué funciona. Sin medición no hay mejora posible. Y la medición no se configura sola: hay que decidir qué importa, instalarlo, leerlo y actuar sobre ello.

Quita estas cinco cosas y lo que queda es una web que existe. Que carga, que se ve bonita, que tiene tu logo arriba. Pero que no vende.

Cuándo una web de 300€ es la decisión correcta

Esto va en serio. Hay negocios para los que gastar más de 300€ en una web es malgastar dinero. Si te reconoces aquí, ahórrate los 3.000€ y úsalos en otra cosa más útil para tu negocio:

El fontanero, electricista o cerrajero que solo necesita aparecer en Google con su teléfono y la zona donde trabaja. El bar de barrio cuya clientela viene del barrio y solo quiere que la gente vea la carta y el horario. El profesional que capta el 100% de sus clientes por boca a boca y solo necesita un sitio donde mandarlos para que vean que existe. El negocio que vende exclusivamente por Instagram o WhatsApp y solo necesita un enlace en la bio. El emprendedor que está validando una idea y todavía no sabe si su negocio va a existir dentro de seis meses.

En todos estos casos, una web de 300€ no solo es suficiente: es la elección inteligente. Gastar más sería sobreingeniería.

Si estás en este grupo, deja de leer. En serio. Lo que viene después no es para ti, y no queremos hacerte perder el tiempo.

Cuándo una web de 300€ es dispararte en el pie

Aquí cambia todo. Para algunos negocios, una web de 300€ no es ahorro: es un coste oculto enorme disfrazado de chollo.

Si vendes online. Una tienda online no es una web con botones de comprar. Es un sistema de conversión. Cada fricción —un botón mal colocado, un proceso de pago confuso, una ficha de producto pobre— te cuesta ventas reales todos los días. Una tienda de 300€ deja dinero sobre la mesa en cada visita. La cuenta es simple: si pierdes una venta de 50€ al día por mala usabilidad, en dos meses ya te has gastado los 3.000€ que no quisiste invertir. En un año, 18.000€.

Si compites con marcas establecidas. Cuando tu cliente potencial está comparándote con otros tres proveedores, tu web es la que decide. Si la suya transmite solvencia y la tuya transmite «esto lo hizo mi sobrino», has perdido antes de que te llamen. La diferencia no la nota tu cliente conscientemente: la siente. Y decide en consecuencia.

Si tu margen por cliente supera los 500€. Cuanto más vale un cliente nuevo para ti, más absurdo es escatimar en la herramienta que los capta. Un abogado, un consultor, una clínica dental, un arquitecto: cada cliente nuevo paga la web entera muchas veces.

Si dependes de SEO para captar. Posicionarse en Google en 2026 no se hace con una plantilla. Se hace con arquitectura de información, velocidad de carga, contenido bien estructurado, datos enriquecidos, experiencia de usuario medible y trabajo continuo. Nada de eso cabe en una jornada. Si tu plan de captación pasa por aparecer en búsquedas, una web de 300€ te condena a no aparecer nunca.

Si tu web tiene que generar confianza en una decisión de compra meditada. Cuando alguien va a contratar algo importante —algo que cuesta dinero, tiempo o riesgo— investiga. Y lo primero que hace es entrar en tu web. Lo que ve ahí decide si te toma en serio o pasa al siguiente. En estos casos, tu web no es un escaparate: es una entrevista de trabajo.

La pregunta correcta

«¿Cuánto cuesta una web?» no tiene respuesta útil, igual que no la tiene «¿cuánto cuesta un coche?». Depende del coche, depende del uso, depende de cuánto vas a conducir.

La pregunta correcta es otra: ¿cuánto necesita generarte tu web para que la inversión tenga sentido?

Si tu web tiene que traerte un cliente nuevo al mes y cada cliente vale 1.000€, el cálculo de cuánto puedes gastar en hacerla es muy distinto de si tiene que traerte cero clientes porque ya los captas por otro lado. Los 300€ y los 3.000€ no son dos versiones del mismo producto: son respuestas a dos preguntas distintas sobre tu negocio.

El error no es elegir la opción barata. El error es elegirla sin haberse hecho la pregunta.

Para terminar

Si después de leer esto sigues pensando que 300€ es lo tuyo, perfecto. Hay profesionales que hacen un buen trabajo a ese precio dentro de los límites que hemos descrito, y te deseamos suerte encontrándolos.

Si has empezado a sospechar que tu negocio juega en otra liga, hablamos cuando quieras.