Tu web no necesita más visitas, necesita mejores visitas
«Lo que necesito es más visitas.»
Es la receta que el empresario se prescribe a sí mismo cuando la web no da resultados. Y es la receta perfecta para la industria, que lleva años deseando despachártela: paquetes de posicionamiento al peso, campañas de publicidad, contenido en cantidad industrial. Todo el mundo encantado de venderte volumen.
Lo curioso es que casi nadie hace la pregunta previa: ¿qué están haciendo las visitas que ya tienes? Porque si mil visitas al mes te dejan dos consultas, el problema no son las mil.
La cuenta que nadie hace
La aritmética es corta y conviene mirarla de frente.
Si de cada mil visitas contactan dos, duplicar las visitas te dará —con suerte— cuatro consultas, pagando el doble. La fuga sigue intacta; solo le has metido más caudal. Es contratar más cuñas de radio para un local con la puerta atascada: pasará más gente por delante, y seguirá sin entrar.
Primero la puerta. Las cuñas, si acaso, después.
Qué es una visita mejor
Una visita mejor es una persona con el problema que tú resuelves, en la zona donde lo resuelves, buscando resolverlo ahora. Eso es todo. Y esa definición cambia el valor de los números por completo: una sola visita que llegó buscando «presupuesto reforma baño» y el nombre de tu ciudad vale más que cien llegadas de rebote desde cualquier parte.
Ese visitante valioso no aparece por casualidad. Llega porque tu web dice cosas concretas que coinciden con lo que él escribió en el buscador — lo contamos al hablar de por qué tu competencia aparece en Google y tú no: la vaguedad no posiciona. Pero hay más: la concreción no solo te hace visible. Te hace visible para los tuyos. Filtra a favor.
De dónde sale el tráfico malo
Porque el tráfico de baja calidad no es mala suerte: se cultiva. Se cultiva con contenido genérico escrito para gustar a todo el mundo, con temas de moda que no tienen relación con lo que vendes, con palabras clave elegidas por su volumen y no por su intención — las que atraen a curiosos, estudiantes y aficionados al «lo hago yo mismo», que leen, aprenden, agradecen y jamás compran.
Y aquí, una confesión de la casa: este blog pasó por eso. Durante un tiempo publicamos artículos sobre técnicas y herramientas de diseño que traían visitas, muchas, de diseñadores y desarrolladores. Las curvas subían. El teléfono, no. Eran lectores estupendos y clientes imposibles, porque nuestro cliente no es quien diseña webs: es quien las necesita. Reorganizamos el blog entero por esa razón, y este artículo existe, en parte, porque aprendimos la lección pagándola.
El giro: a veces mejores visitas son menos visitas
Y ahora la parte que casi nadie se atreve a aplicar.
Una web que dice con claridad qué hace, qué no hace, para quién trabaja y en qué rango de precios se mueve, espanta visitas. Las equivocadas. El que buscaba lo más barato se va a los diez segundos; el aficionado no encuentra tutorial; el que está fuera de tu zona ni pregunta. El informe mensual empeora.
Y la caja mejora. Porque los que se quedan son los que encajan, y llegan medio convencidos. De esto ya hablamos a fondo en el filtrado como herramienta de ventas; aquí basta la consecuencia: una web que filtra parece funcionar peor sobre el papel y funciona mejor en el banco. Como casi todo el mundo mira el papel y no el banco, casi nadie filtra. Ahí tienes una ventaja regalada sobre tu competencia.
La calidad se oye antes de medirse
¿Cómo se nota que el tráfico mejora? No hace falta empezar por las herramientas: se nota en las consultas que llegan.
Menos llamadas de «¿cuánto cobras por lo más barato que tengas?». Menos presupuestos que se piden a ocho sitios a la vez para regatear. Y más mensajes que ya saben lo que quieren, mencionan algo concreto de tu web y preguntan cómo empezar, no cuánto rebajas. El formulario que llega medio cualificado es la métrica que ningún informe mensual enseña, y la que más se nota en la cuenta de resultados.
Para quien quiera ponerle números —que conviene—, las preguntas son las de siempre: las de negocio, no las de visitas. Cuántas consultas, de dónde, con qué resultado.
Las últimas diez consultas
El autodiagnóstico de hoy no necesita ni pantalla. Coge las últimas diez consultas que te llegaron por la web —correos, llamadas, formularios— y pásalas por una sola pregunta: ¿cuántas eran de tu cliente ideal? Trabajo del que te interesa, en tu zona, con un presupuesto realista.
- Siete o más: tu tráfico es bueno. Ahora sí: más visitas como estas te darán más negocio, y buscarlas tiene sentido.
- Entre cuatro y seis: hay base, pero la web está dejando entrar demasiado de todo. Toca afinar el mensaje antes que el volumen.
- Tres o menos: más visitas solo te traerán más de lo mismo, multiplicado. El trabajo no está en atraer: está en lo que tu web dice y a quién se lo dice.
El escaparate y la caja
El objetivo de una web nunca fue que pasara gente: es que entre la gente adecuada. Visitas se pueden comprar esta misma tarde, al peso. Clientes adecuados, no: se atraen, y se atraen diciendo cosas concretas que solo les interesan a ellos — y dejando de decir las que interesan a todos los demás.
Si quieres saber qué tráfico tiene tu web y qué consultas te está trayendo de verdad, escríbenos. Lo miramos y te lo decimos claro: con tus números y tus consultas, no con curvas verdes.