Las preguntas que deberías hacer antes de contratar una web

Contratar una web es contratar. Y sin embargo, nadie entrevista al candidato.Se mira el precio, se ojea el porfolio, se pregunta el plazo y a firmar. Al empleado que va a atender a tus clientes las 24 horas le harías una entrevista en condiciones — pero a quien va a construirlo, dos preguntas de cortesía y un apretón de manos.

Las preguntas para comparar presupuestos ya las dimos: qué incluye, qué no, quién escribe, qué pasa después. Esta guía va de lo otro, de lo que casi nadie enseña: escuchar las respuestas. Porque las preguntas las puede hacer cualquiera; el oficio está en saber qué te están contestando.

El patrón de las malas respuestas

Antes del detalle, el mapa. Las respuestas que delatan a un mal proveedor comparten cuatro rasgos, y aprender a reconocerlos vale para cualquier pregunta:

  • La vaguedad. «Eso luego lo vemos», «depende», «no te preocupes por eso ahora». Lo que no se concreta antes de firmar, se discute después de pagar.
  • La ofensa. Quien se molesta por una pregunta razonable te está haciendo una demostración gratuita de cómo gestionará un problema real.
  • La jerga como cortina. Tecnicismos administrados en dosis suficiente para que dejes de preguntar. El que sabe, traduce; el que esconde, complica.
  • La promesa absoluta. «Garantizado», «nunca ha fallado», «todo incluido», «primera posición en Google». En este oficio, como en casi todos, los absolutos los vende quien no piensa estar cuando haya que cumplirlos.

Las buenas respuestas también comparten rasgos: concreción, límites declarados sin que los pidas, y papel. Quien tiene las cosas claras, las tiene por escrito — y no le importa enseñarlas.

El decodificador

Seis preguntas, cada una con su porqué, la respuesta que delata y la que tranquiliza. Llévalas a la reunión; son gratis.

«¿Qué necesitáis de mí para que esto salga bien?»

La pregunta espejo, y la favorita de la casa, porque parece amable y es un detector. Una web buena no se hace sin el cliente: hacen falta tus fotos, tus decisiones, tu conocimiento del negocio, tu tiempo de revisión.

Delata: «Nada, tú despreocúpate, nosotros nos encargamos de todo». Suena a servicio cinco estrellas y es un síntoma: una web hecha sin ti es, por definición, una web de cualquiera — con tu logo encima.

Tranquiliza: una lista de deberes. Qué tendrás que aportar, cuándo y por qué. El proveedor que te exige cosas va a hacer tu web. El que no te pide nada va a hacer una web.

«¿Quién va a trabajar en mi web? Con nombre.»

Porque «nuestro equipo» puede significar muchas cosas, y una de ellas es una cadena de subcontratación donde tú hablas con quien vende y tu web la hace alguien a quien nadie de la cadena ha visto la cara.

Delata: el equipo difuso, los nombres que nunca llegan, el «eso da igual, respondemos nosotros». Si da igual quién lo hace, imagina el cuidado con que se hace.

Tranquiliza: nombres y reparto, aunque sea una sola persona. Sobre todo si es una sola persona: sabrás exactamente quién responde, que es más de lo que sabe la mayoría.

«¿Qué objetivo tiene que cumplir esta web, y cómo lo sabremos en seis meses?»

Ya apareció entre las preguntas de presupuesto; aquí va su decodificador, porque las respuestas son un espectáculo.

Delata: la cara de póker. El «bueno, eso depende de muchas cosas». El cambio elegante de tema hacia los colores. Es la respuesta de la inmensa mayoría del sector, y significa algo muy simple: te están vendiendo páginas, no resultados.

Tranquiliza: que te devuelvan la pregunta — «¿tú qué necesitas que consiga?» — y que la respuesta acabe escrita en el proyecto. Quien pregunta por tu objetivo antes de hablar de diseño está haciendo el trabajo en el orden correcto.

«¿Qué pasa si algo sale mal o no quedo conforme?»

Delata: «Eso no nos ha pasado nunca». Nadie con años de oficio puede decir esa frase en serio: en todos los proyectos del mundo algo se tuerce alguna vez. Así que o lleva poco, o miente, y las dos respuestas te sirven.

Tranquiliza: un procedimiento. Rondas de revisión pactadas, una garantía con contenido concreto, qué cubre, qué no y hasta cuándo. Los problemas no delatan a un mal proveedor — los delata no haber previsto ninguno.

«¿Por qué este precio?»

Delata: la ofensa («es lo que vale»), el desglose prometido que nunca llega, o su contrario exacto: la rebaja instantánea del 30% por preguntar — porque si el precio podía bajar un tercio en diez segundos, ¿qué medía el precio?

Tranquiliza: partidas. Qué cuesta cada cosa y por qué. Sirve para el barato y para el caro: la opacidad no mejora añadiéndole ceros.

«¿Puedo hablar con un cliente vuestro… de hace dos años?»

El matiz está en la fecha, y es toda la pregunta. El cliente recién entregado está en plena luna de miel: la web nueva, las prisas olvidadas, todo brilla. El de hace dos años conoce lo que de verdad quieres saber: el después. Si responden a los correos, qué cuesta un cambio, cómo se portó el mantenimiento.

Delata: que solo te ofrezcan estrenos. O referencias que son capturas, no personas.

Tranquiliza: un nombre y un teléfono de alguien con kilómetros. Quien cuida el después tiene veteranos encantados de contarlo; quien no, tiene una colección de lunas de miel.

Falta una pregunta en esta lista, la de la propiedad — «¿qué es mío y cómo me lo llevo?» — pero esa ya tiene artículo entero y nombre propio: la prueba del algodón. Sigue siendo la primera del examen.

La otra cara: las preguntas que te hacen a ti

Y ahora el giro que casi nadie cuenta: mientras tú entrevistas, fíjate en si te entrevistan.

Un buen proveedor hace preguntas incómodas de responder: quién es tu cliente, qué trabajo te deja margen y cuál aceptas por compromiso, qué consulta te roba las mañanas, por qué te eligen a ti y no al de al lado. Le hacen falta esas respuestas para construir algo tuyo — son la materia prima del oficio.

El que en la primera reunión solo habló de plantillas, plazos y formas de pago no va a hacerte la web de tu negocio: va a hacerte la web de cualquier negocio, porque del tuyo no sabe nada. Y lo más revelador: no lo ha echado en falta.

Regla práctica para la puerta de salida: si terminas la primera reunión sin deberes, no vuelvas a la segunda.

La entrevista es gratis

Todo este interrogatorio cuesta exactamente cero euros, dura media hora y se hace antes de firmar nada — que es el único momento en que descubrir las cosas sale barato. Después de firmar, cada una de estas respuestas tiene precio, y lo pones tú.

Así que llévate la lista entera, también si vienes a vernos. Pide cita y pregunta: las respuestas las tenemos por escrito. La cara de póker, no.