El empleado peor pagado de tu empresa trabaja 24 horas
Pongamos la nómina sobre la mesa. Con cifras redondas y aproximadas — las exactas las conoces tú, y te van a servir igual.
El administrativo: unos 22.000€ brutos al año, que a la empresa, con la Seguridad Social, le cuestan cerca de 29.000€. Bien pagados: lleva la facturación al día. El comercial: 26.000€ más variables, y los vale, porque trae trabajo. El operario, lo suyo según convenio. La furgoneta —que ni siquiera es un empleado— entre cuota, gasoil, seguro y averías se lleva sus 7.000€ al año sin que nadie levante una ceja.
Ninguna de estas cifras te escandaliza. Trabajan, cuestan. Normal.
Y al final de la lista, el último fichaje: el único miembro de la plantilla que hace el turno de día, el de noche, los fines de semana y los festivos. Sueldo total: 600€. Una vez. Hace cuatro años. Y todavía recuerdas con orgullo lo que regateaste.
Bueno, miento: también pagas cada año unos 150€ de dominio y alojamiento. Que no son su sueldo — son el alquiler de su mesa y su silla. Le pagamos puntualmente el sitio donde sentarse; el trabajo, ya tal.
La jornada de cada uno
Hagamos la cuenta que ningún gestor te ha hecho nunca.
Un empleado a jornada completa trabaja, entre convenio, vacaciones y festivos, unas 1.750 horas al año. Tu web trabaja 8.760: todas las que tiene el año. No se coge vacaciones, no se pone enferma, no llega tarde el lunes y no mira el reloj el viernes. Es, literalmente, el sueño de cualquier departamento de personal.
Ahora el salario por hora. El administrativo, a 29.000€ entre 1.750 horas, sale a unos 16€ la hora. Tu web, a 600€ repartidos en cuatro años más sus 100€ anuales de dominio y alojamiento, cobra unos 250€ al año: entre 8.760 horas, tres céntimos la hora. Mesa y silla incluidas. Ni el becario más maltratado de la historia empresarial española ha visto una nómina así.
Y ojo, que no hablamos del extremo: hasta una web seria, de varios miles de euros y con su mantenimiento mensual pagado religiosamente, sale a 20 o 30 céntimos la hora trabajada. El trabajador más barato de tu empresa lo seguiría siendo aunque le triplicaras el sueldo. Tres veces.
Por qué se escatima justo con esa
Aquí viene la parte de psicología, y conviene decirla sin acusar a nadie, porque el mecanismo es humano y te va a sonar.
No pagamos según el valor que algo produce. Pagamos según la presión que ejerce. El administrativo negocia su sueldo. El comercial, si no le subes el variable, se lleva la cartera a la competencia. El proveedor aprieta con los plazos. La furgoneta, directamente, se avería — que es la forma que tienen las furgonetas de pedir un aumento.
¿Y la web? La web no protesta. Jamás. No negocia, no amenaza con irse, no se sindica, no deja de venir. Trabaja mal pagada, en silencio, indefinidamente. Y en toda organización humana, lo que no protesta no sube.
Así que no, no es tacañería: eres un negociador haciendo lo que hacen los negociadores con quien no negocia. El problema es que esta vez el silencioso de la plantilla era justo el que atiende a tus clientes a las tres de la mañana.
El malentendido de fondo: compraste un mueble que ficha
Hay un error de categoría en el origen de todo esto, y merece ser nombrado.
A nadie le parece raro pagar al administrativo cada mes. A nadie le parece raro que la furgoneta gaste cada mes. Pero un gasto mensual en la web suena a abuso: «¡si ya la pagué!». Claro. Porque se compró como un objeto — como el mostrador o la estantería: se paga una vez y a otra cosa — algo que en realidad funciona como un trabajador: produce cada mes y necesita cada mes.
La prueba del error es sencilla: el mostrador no atiende clientes de madrugada. La web sí. Lo que produce en horario continuo no puede mantenerse con mentalidad de mueble. De lo que cuesta una web a cinco años vista, por cierto, ya hicimos números: el precio de entrada nunca fue el precio.
El empleado exprimido rinde como empleado exprimido
Y ahora, la consecuencia, que es donde la historia se vuelve cara.
A ese trabajador de dos céntimos la hora nadie lo formó: sus contenidos son los del primer día, hablando de servicios que ya no das con fotos de hace dos reformas. Nadie le dio herramientas: sin mantenimiento, va acumulando achaques que nadie revisa. Y nadie evalúa su trabajo: sin medir, ni siquiera se sabe qué hace, si es que hace algo.
Cuatro años así y llega el veredicto solemne: «la web no funciona». Hombre, claro. Como el empleado al que nunca formaste, nunca equipaste y nunca evaluaste. Lo extraordinario, lo verdaderamente digno de estudio, sería que funcionara. Despedimos al trabajador por un rendimiento que diseñamos nosotros — y contratamos otro, en las mismas condiciones, a estrenar el mismo ciclo.
Proporcionalidad, no derroche
Que nadie saque la moraleja equivocada: esto no va de gastar más porque sí. Lo dijimos al comparar presupuestos y sigue dicho — la opacidad no mejora añadiéndole ceros, y pagar mucho por humo sigue siendo humo caro.
Va de pagar en proporción a lo que se exige. Tu web tiene —o debería tener— una lista de tareas: recepcionista de las preguntas repetidas, comercial del turno de noche, archivo viviente de tus mejores trabajos. Haz el ejercicio: ¿qué cobraría la fracción humana de ese puesto? ¿Media jornada de alguien? ¿Un cuarto? Pon la cifra al lado de lo que pagas por la web, mantenimiento serio incluido, y la conclusión sale sola: bien pagado, es el chollo laboral del siglo. Mal pagado, es el chollo que te estás perdiendo.
La servilleta
El autodiagnóstico de hoy cabe en una servilleta, con tres operaciones:
- Lo que costó tu web, dividido entre los años que lleva en marcha.
- Súmale lo que pagas cada año: dominio, alojamiento y mantenimiento, si lo hay. (Si la suma se queda en el dominio y el alojamiento, ya tienes medio diagnóstico: solo le pagas la mesa.)
- Divide el total entre 8.760 horas, y compara el resultado con el coste por hora de tu empleado más barato.
La distancia entre las dos cifras no es el problema en sí — ya hemos dicho que la web barata por hora lo será siempre. La pregunta del diagnóstico es otra: con ese sueldo, ¿le estás pagando como a alguien de quien esperas algo? Porque las expectativas, curiosamente, sí las tienes de empleado del año.
El convenio de la web
Tu web no va a pedir el aumento. No va a venir un viernes a tu despacho con cara seria. La revisión salarial del único trabajador que no la pedirá nunca te toca convocarla a ti.
Si quieres saber qué puesto está ocupando hoy y qué puesto podría ocupar, escríbenos. Hacemos la evaluación de desempeño y te la contamos claro — con su cuenta de la servilleta incluida.